
LA ESPERA EN BARINAS

CAMINO ENTRE MONTAÑAS
La vida nos ofrece encuentros inesperados que nutren, siempre tenemos que aprovechar lo nuevo que podamos aprender, a veces de quien menos esperamos, sencillamente porque no los conocíamos y es indiscutible que Venezuela es una Universidad para todos los cubanos que de una forma u otra tratan de poner su granito de arena en la Revolución Bolivariana, en este caso Barrio Adentro y la Misión Milagro, en particular, que ha devuelto la sonrisa a muchas familias.
De Caracas camino a Mérida hicimos un alto obligatorio en Barinas por derrumbes en la ruta que nos lleva entre las nubes, en el hotel donde pasamos la noche estaban pacientes que iban a operarse de cataratas al día siguiente y que los habían traído de sus localidades, a veces a más de cuatro o cinco horas de camino, para que estuvieran en óptimas condiciones.
Estaba en una habitación triple y al ponerme a conversar con mis dos vecinas de cuarto que también iban para Mérida pero recién llegaban de Cuba, Lida y Tamara, dos jovencitas que finalizaron su segunda especialidad médica en Oftalmología, la primera fue en Medicina General Integral. Durante su residencia hicieron una estancia anterior en Venezuela de apenas unos meses en el estado Anzoátegui y regresaban como especialistas a prestar servicios.
Aunque son oftalmólogas, saben que al pertenecer el ojo al cuerpo en general, hay muchas enfermedades, desde el punto de vista sistémico, que lo pueden afectar, ver a la persona de forma integral es necesario. Lida estuvo en Guatemala, al que consideran un país precioso.
Las dos fueron a Bolivia y están de acuerdo en que ha sido una nación maltratada durante mucho tiempo, el boliviano es humilde y respetuoso, desconoce tantas cosas que atenta incluso contra su salud y por primera vez comienza a desarrollarse por el nuevo gobierno la ayuda que han concertado con otros países para tratar de saldar la deuda social de siglos de explotación.
Lamentablemente todavía quedan en Bolivia muchas costumbres arraigadas que dificultan en alguna medida la ayuda que le puedan prestar. Estaban en el departamento de Chuquisaca, en Sucre la capital de la región, a más de dos mil setecientos metros sobre el nivel del mar, allí entre montañas, como en Mérida, se encontraron casos que las han marcado para toda la vida. Recuerda Lida a un pequeño con un trauma ocular, se enterró una espina en el ojo jugando, no tenían condiciones para operarlo en el Centro Oftalmológico, ya que los niños necesitan de anestesia general pero la abuela acudió a los cubanos por la confianza que les tiene, por los resultados positivos y con lágrimas en el rostro les pidió que la ayudaran. Era fácil constatar que no tenían dinero para ir a una clínica.
Gracias a la autorización de la máxima dirección de la Misión Milagro en Bolivia se logró facilitarle el lente intraocular, medicamentos, material desechable, cosas que se iban a necesitar para realizar la operación en un hospital boliviano. Siguieron de cerca la evolución del niño pero la impactó porque de no ser por la ayuda que se le prestó en esos momentos, tal vez el pequeño no hubiera podido resolver, se hubiese infectado y hubiese perdido totalmente la visión de ese ojo. La abuela incluso cuando lo llevaba a la consulta en el hospital siempre pasaba por los cubanos para que también lo vieran.
Estamos seguros que Bolívar y Martí se sienten muy orgullosos de estas nuevas generaciones.
De Caracas camino a Mérida hicimos un alto obligatorio en Barinas por derrumbes en la ruta que nos lleva entre las nubes, en el hotel donde pasamos la noche estaban pacientes que iban a operarse de cataratas al día siguiente y que los habían traído de sus localidades, a veces a más de cuatro o cinco horas de camino, para que estuvieran en óptimas condiciones.
Estaba en una habitación triple y al ponerme a conversar con mis dos vecinas de cuarto que también iban para Mérida pero recién llegaban de Cuba, Lida y Tamara, dos jovencitas que finalizaron su segunda especialidad médica en Oftalmología, la primera fue en Medicina General Integral. Durante su residencia hicieron una estancia anterior en Venezuela de apenas unos meses en el estado Anzoátegui y regresaban como especialistas a prestar servicios.
Aunque son oftalmólogas, saben que al pertenecer el ojo al cuerpo en general, hay muchas enfermedades, desde el punto de vista sistémico, que lo pueden afectar, ver a la persona de forma integral es necesario. Lida estuvo en Guatemala, al que consideran un país precioso.
Las dos fueron a Bolivia y están de acuerdo en que ha sido una nación maltratada durante mucho tiempo, el boliviano es humilde y respetuoso, desconoce tantas cosas que atenta incluso contra su salud y por primera vez comienza a desarrollarse por el nuevo gobierno la ayuda que han concertado con otros países para tratar de saldar la deuda social de siglos de explotación.
Lamentablemente todavía quedan en Bolivia muchas costumbres arraigadas que dificultan en alguna medida la ayuda que le puedan prestar. Estaban en el departamento de Chuquisaca, en Sucre la capital de la región, a más de dos mil setecientos metros sobre el nivel del mar, allí entre montañas, como en Mérida, se encontraron casos que las han marcado para toda la vida. Recuerda Lida a un pequeño con un trauma ocular, se enterró una espina en el ojo jugando, no tenían condiciones para operarlo en el Centro Oftalmológico, ya que los niños necesitan de anestesia general pero la abuela acudió a los cubanos por la confianza que les tiene, por los resultados positivos y con lágrimas en el rostro les pidió que la ayudaran. Era fácil constatar que no tenían dinero para ir a una clínica.
Gracias a la autorización de la máxima dirección de la Misión Milagro en Bolivia se logró facilitarle el lente intraocular, medicamentos, material desechable, cosas que se iban a necesitar para realizar la operación en un hospital boliviano. Siguieron de cerca la evolución del niño pero la impactó porque de no ser por la ayuda que se le prestó en esos momentos, tal vez el pequeño no hubiera podido resolver, se hubiese infectado y hubiese perdido totalmente la visión de ese ojo. La abuela incluso cuando lo llevaba a la consulta en el hospital siempre pasaba por los cubanos para que también lo vieran.
Estamos seguros que Bolívar y Martí se sienten muy orgullosos de estas nuevas generaciones.

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