martes, 21 de diciembre de 2010

RECUERDOS DE LA ALFABETIZACION

RECUERDOS DE LA ALFABETIZACION
POR SUSANA DEL CALVO

Una suave brisa recorría la capital cubana aquel 22 de diciembre de 1961 cuando se ultimaban los preparativos para la concentración en la Plaza de la Revolución donde estarían, como invitados especiales, los miles de jóvenes que en menos de un año habían erradicado el analfabetismo en la patria de José Martí, todos comprendieron, desde un inicio, que ser cultos era la única manera de ser libres como aseveraba el Maestro.
Recuerdo las conversaciones con mi padre porque a pesar de apenas contar con poco más de once años de edad quería incorporarme a la contienda, no hubo forma de que me comprendiera y ponía en primer lugar mi condición de mujer, de todas maneras no dí por vencida y me inscribí como alfabetizadota popular, que eran los que trabajaban en las zonas urbanas.
Por primera vez me enfrenté a la pobreza extrema en una vivienda que se derrumbaba que más bien parecía un enjambre, había tantas habitaciones que era imposible contarlas, los servicios sanitarios eran comunes y escaseaban, me asignaron una donde vivían en menos de cuatro metro cuadrados 16 personas, entre ellos 5 niños. Dormían por turnos, o sea, tenía que enseñar a leer y escribir a once, las clases las dábamos en el piso de la entrada.
El primer día me acompañó uno de los dirigentes de la Campaña de Alfabetización, apenas siete años mayor que yo, todos me miraban como un bicho raro, era un pigmeo entre aquellos gigantes de ébano, la mayoría trabajadores de los muelles y no faltó el comentario despectivo para la niña de ojos grandes que pretendía enseñarlos, era la más joven del grupo que tenía que cumplir la misión en aquel lugar.
Poco a poco nos ganamos su respeto y hasta me acompañaban para servirme de guía en aquella zona de la ciudad para mi desconocida, aprendí mucho de ellos en esa Universidad de la Vida.
El mayor premio fue el contrato de la nueva vivienda para Agueda y su familia, la jefa de aquel núcleo donde trabajé, no sólo lo firmó, sino que me lo leyó con una fluidez interrumpida por la emoción. Allí no quedó nadie sin aprender a leer y escribir.
Fue una gran lección para el mundo de que en primer lugar la naciente Revolución Cubana no abandonaba a nadie, pero sobre todas las cosas mostró el humanismo y la solidaridad del pueblo cubano que permitió que aquel 22 de diciembre Cuba se declara Primer Territorio Libre de Analfabetismo en América.

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