Por Susana del Calvo
En uno de nuestros primeros viajes a
Venezuela pudimos dar un recorrido por los Cerros de Caracas, conversar con los
médicos cubanos y pacientes venezolanos
y no dejamos de preguntarnos cómo era posible que aquellas casas desafiaran la Ley de Gravedad, también nos
daba la impresión de que dos o tres ocupaban el mismo lugar en el espacio, sin
comentarios de las interminables escaleras. Después nos
dimos cuenta que era un problema más bien de
supervivencia.
La experiencia
que habíamos tenido en Guatemala en subir y bajar montañas por aquellos
terraplenes, nos sirvió de mucho, nos habían curado de espanto las empinadas
pendientes donde ruegas a todos los santos habidos y por haber para que
respondan las gomas de la camioneta y
sobre todo los frenos.
Está el hecho de
que el 16 de abril de 2003 se inicia Barrio Adentro en los Cerros de Caracas,
ya en septiembre empiezan a bajar los pioneros que abrirían en todos los
estados venezolanos los servicios médicos gratuitos para todo el pueblo, en
octubre de ese año se cubren las regiones más importantes y en febrero de 2004
ya se completa el país, o sea, esa vanguardia de la Brigada Médica Cubana tuvo a su cargo el entrenamiento a breve plazo de los especialistas que llegaban de la Isla y que no todos tenían una experiencia anterior en otros pueblos.
Hemos tenido la oportunidad de conversar con algunos de aquellos 54
hombres y mujeres que iniciaron la hermosa misión de la cual ofrecimos
bosquejos en otro libro, donde aparecen especialistas que laboraron en
Venezuela como parte del Programa Integral de Salud tras el desastre de Vargas,
en 1999. En pequeños grupos prestaron asistencia también en Guárico y Lara.
Para nadie es un secreto que el alcalde de Caracas en aquellos momentos,
Freddy Bernal, fue el que propuso al presidente Hugo Chávez que los médicos
cubanos también laboraran en los Cerros, sabía del alto valor humano de esos
especialistas y de su valentía, pues para trabajar en esos lugares hay que
tener el corazón en medio del pecho.
Allí, sin temor a exagerar, el acompañamiento musical más frecuente es el
silbido de las balas y las condiciones de vida son infrahumanas. Cuando uno
mira a lo alto, un escalofrío recorre nuestro cuerpo, a ese lugar fueron a
vivir en casas de venezolanos los primeros médicos. Todo esto ha cambiado a
favor del pueblo en casi una década.


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