Por Susana del Calvo
Es necesario que la humanidad
tome conciencia de que existen personas en el mundo que no sólo son ciegas,
sino también sordas, dos invalidantes a la hora de establecer la comunicación
con aquellos que los rodean y que ellos no ven ni escuchan. Ante tal situación
nadie puede quedar de brazos cruzados, son seres humanos que tienen derecho a
la vida.
De ahí que
recordemos a José Martí cuando señaló: Las sombras tienen sus
poemas, el espíritu sus conmociones, y la compasión sus lágrimas. Todo esto se
siente, y muchas cosas se aman. Ante esos seres abrazados por su propia luz,
sin sentidos con que transmitirla, ni aptitudes para recibir el calor
vivificante de la ajena. Nacidos como cadáveres, el amor los transforma.
En ellos vemos retratados a aquellos hombres
y mujeres que trabajan en esas escuelas y salones especiales que brindan
atención a alrededor de 120 niños. En Cuba tienen esas condiciones cerca de 600
personas. No olvidemos que a pesar de los elevados costos de los implantes
cloqueares, más de 20 niños en Cuba han recibido esos beneficios de forma
gratuita.
El
aprendizaje en edad temprana así como la puesta en práctica de estos
conocimientos conducen a los sordociegos a una mayor rehabilitación dentro de
su campo y los prepara para la vida,
algunos se han convertido en profesionales y otros laboran en diferentes
puestos.
Se selecciona el 27 de junio como Día internacional del
sordo-ciego en honor a Hellen Keller, activista y oradora norteamericana que tenía
esta incapacidad a causa de una enfermedad sufrida cuando tenía tan solo 19
meses de edad y gracias a la ayuda recibida se convirtió en la primera persona
sordociega que obtuvo la
Licenciatura en Litras.
Su vida la dedicó a la rehabilitación de sus
iguales.

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