sábado, 1 de junio de 2013

ENTRE NOSOTROS

Por Susana del Calvo
Tristeza me embargó el corazón cuando al llegar a Venezuela en la noche las luces de los cerros me dieron la bienvenida, regresaba a la patria de Bolívar y Hugo Chávez ya no estaba entre nosotros. Cierto es que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido la obra de la vida, según afirman los que más saben, pero no deja de dolernos su ausencia.
Tal parece que veo su sonrisa, sus sabias acotaciones en el momento preciso, su claridad ante complejas situaciones, la lista de sus virtudes sería interminable pero para mí la mejor de todas es su humanismo a carta cabal. Es uno más entre nosotros, es de los hombres que nunca mueren, con virtudes y defectos como todo ser humano, pero de talla universal que no sólo rebasó fronteras sino que su luz alumbra a todos los pueblos amantes de la libertad. Chávez desconocía la magnitud de su grandeza.
Gigante de la historia que se ganó el respeto de amigos y enemigos, vengo a defender uno de tus hijos preferidos, Barrio Adentro, que junto a Fidel Castro nació hace apenas una década y ha salvado cientos de miles de vidas de venezolanos al llevar la atención médica especializada a todos los rincones del país, de forma gratuita y con una característica que lo distingue, el derroche de amor a los que sufren de todos los que se han incorporado a ese hermoso programa.
La prensa al servicio de los grandes intereses tiene impuesta la ley del silencio ante el éxito de las Misiones y Barrio Adentro no es una excepción, pero nadie puede tapar el sol con un dedo, y hasta los que mucho gritan buscan la manera de ser atendidos por los especialistas cubanos o por sus compatriotas que se han formado con los profesores de la patria de José Martí.
Hay verdades como templos y hemos visto a esos profesionales formados en los Consultorios Populares, defender trabajos científicos de calidad indiscutible, de fácil aplicación y que van en busca de mejorar la calidad de vida de la población. Son los Médicos Integrales Comunitarios, que ya suman más de 15 mil, que han estudiado no sólo los seis años de pregrado, sino que se están haciendo especialistas en diferentes ramas de esta ciencia para dar soluciones a problemas de determinadas comunidades.
Es hermoso llegar a la laguna de Sinamaica, adentrarnos en las comunidades indígenas que viven sobre palafitos y ver que junto al médicos cubano, está una indígena que luego de graduarse se quedó con los suyos. Esto no se concebía ni en los más caros sueños y hoy es una hermosa realidad gracias a la Revolución Bolivariana que se acordó por primera vez de los olvidados de siempre, esos que hoy levantan su frente y pregonan a los cuatro vientos su orgullo de ser venezolanos.
Esto nos dice que hoy más que nunca Chávez está entre nosotros.

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