
Este es uno de los ejemplos de una vida salvada por la Misión Milagro en Venezuela, cuando los médicos del Consultorio Popular de Barrio Adentro encontraron a esta muchacha, ciega y sin esperanzas.
Es la misma persona antes y después. Increíble pero cierto.
A continuación el capítulo del libro "Milagro de Amor" que refiere el caso. Esperamos sus comentarios.
COMO AVE FENIX
El centro de atención médica Lino Maradey en Ciudad Bolívar se ha convertido en un ejemplo de integración entre la medicina cubana y la venezolana, de ahí que quisiéramos recorrer en detalle las instalaciones, tarea no sencilla si tenemos en cuenta que es como una inmensa colmena y todo el mundo está a tope con el trabajo. A pesar del esfuerzo no faltaba la sonrisa en los labios de los especialistas y con rapidez una estudiante venezolana de Medicina Integral Comunitaria, Leyvis Martínez, nos sirvió de guía en el recorrido con una pasión que nos llamó la atención, tendríamos que descubrir el por qué.
Buscábamos todo lo referente a la Misión Milagro y constatamos con la doctora Irene Milagros Siu Núñez que el paciente llega ya evaluado por el oftalmólogo, así como el optometrista y con los análisis hechos como hemoglobina, hematocrito, etc. se le hace un examen clínico completo, sino está apto se le pone tratamiento y se aplaza la operación, se le da una reconsulta donde se le vuelven a hacer todos los exámenes para ver si está listo.
El paciente puede estresarse pero se conversa mucho con él para que no se sientan temerosos, atención psicológica, si tiene alta la tensión se le pone tratamiento y un tiempo prudencial para volverlo a examinar, hay casos que se ingresan para compensarlos. Es posible que un paciente esté normal pero en el transcurso del viaje, pensando lo que le van a hacer, se descompensan, si están en ayunas o si comieron un desayuno copioso, siempre se busca una solución. En realidad una operación siempre nos pone a pensar y es lógico.
El pterigium es más frecuente que la catarata, muchos con grado tres y cuatro, no se ha hecho una investigación al respecto, pero todo parece indicar que tiene que ver el clima, la contaminación ambiental, no hay hábito de protegerse. La doctora Irene recuerda a un paciente diabético que venía con mucha frecuencia porque hubo que aplazarlo en varias ocasiones, se imbricaba también el problema de la anemia crónica que tenía, no se logró mucho con la atención ambulatorio y se ingresó en un Centro de Diagnóstico Integral, finalmente se compensó, recuperó su visión luego de larga espera, aquí llegó a comprender que él tenía también que poner de su parte y seguir al pie de la letra las orientaciones de los médicos.
Incorporan a la sociedad a una persona, rescatan su deseo de vivir, se puede valer, ya que muchos de estos pacientes ancianitos, como no pueden ver, ya ni se asean, dependen de que otro lo ayude y no siempre lo tienen, no se nutren como se debe hacer. De ahí que cambian de forma maravillosa, empiezan a preocuparse por su porte y aspecto, por su alimentación, por ayudar no sólo en el hogar, sino también en la comunidad, es apreciable. No cabe dudas que la Misión Milagro es una obra muy útil por el gran contenido humanitario que tiene.
Fuimos al laboratorio para conversar con uno de sus técnicos y nos encontramos con Edil García Martínez, un enamorado de su trabajo que sabe de la importancia de que los exámenes se realicen con calidad para detectar las posibles anemias o pacientes diabéticos que por una causa u otra no se han estudiado y llegan a la institución sin un tratamiento adecuado, cada vez son menos los casos que llegan en esas condiciones pero de todas formas hay que precaver antes de tener que lamentar. Edil estaba de visita pues el labora en el Centro Oftalmológico de Puerto Ordaz pero le gusta intercambiar experiencias cada vez que el trabajo se lo permite.
Lo primero que hacen con el paciente en el laboratorio es rotular acorde a la indicación del clínico y posteriormente de forma organizada comienzan a realizar los exámenes. El tiempo de diagnóstico es relativamente corto puesto que los procedimientos son por el método cinético y punto final, estos se realizan en equipos de alta tecnología, lo que permite un resultado rápido y seguro. Son importantes la fase educativa y las normas de sepsis y antisepsis que tienen que emplear en el laboratorio clínico, por lo general los pacientes tienen muy poca cultura médica y no sólo hay que explicarles, también enseñarles. Para ello utilizan charlas educativas, se les dan detalles de la forma que emplean para realizar los procedimientos técnicos, el por qué de la extracción de la muestra de sangre y cómo se hace para que la misma salga con la calidad requerida, con el procedimiento establecido para que no vaya a existir un falso resultado en el futuro diagnóstico. Para este joven un paciente es un ser humano que sufre y el hecho de estar en Venezuela es algo que rebasa sus expectativas de brindar su mano amiga.
Los fines de semana participa de forma activa en los operativos que se realizan en las zonas más apartadas. Esta labor la realizan también los especialistas en general del Centro Oftalmológico con los médicos de las áreas y los luchadores sociales venezolanos apoyan la tarea de la Misión Milagro y vemos resultados en relación con el nivel de conciencia que va adquiriendo el pueblo. Aunque parezca increíble existen pacientes con las patologías oftalmológicas que no están sensibilizados con ellas, piensan que son problemas de la edad y tienen que resignarse a la ceguera. Todo cambia, la paciencia y la sabiduría de estos especialistas cubanos permiten que se establezca con amor una estrecha comunicación, llegan a interiorizar las causas de la enfermedad y como darle solución. Han llegado a familiarizarse con Barrio Adentro y el nivel de confianza para encontrar una respuesta los hace acudir a la consulta.
Nuestra guía nos habla de la importancia de las enfermeras en todo este quehacer y nos viene a la mente la licenciada María del Carmen Abad, quien como Edil trabaja en el Centro Oftalmológico de Puerto Ordaz, quien no deja de decir que nunca había vista tal cantidad de pacientes con déficit visual. Ella reúne la experiencia de Cuba el 2004 justamente con los primeros pacientes que llegaron de Venezuela, muchos son los casos que llegan ciegos, habían perdido la esperanza de recuperar su visión porque no podían pagar la operación y ahora se la hacían gratis, de ahí el nombre de Misión Milagro que se ha hecho posible por la voluntad de Chávez y Fidel.
El coordinador de óptica de Barrio Adentro en el estado Bolívar, Junior Oscar, nos explica que ese trabajo comienza en la región en el 2004 con 24 jóvenes, ya en estos momentos son 98 especialistas que atienden las 31 ópticas distribuidas en los 11 municipios. La estructura permite llegar a toda la población venezolana de manera tal que se pueda atender hasta el paciente de la zona más difícil, buscan estrategias de trabajo a través de óptica móvil para los operativos. Para él es un sueño hecho realidad.
Por aquellos amplios pasillos donde reinaba el orden nuestra guía parecía conocer al dedillo todo el quehacer en el Lino Maradey, saludaba a diestra y siniestra, a veces con una sonrisa pícara en su rostro, nos daba la impresión de una persona que volvía a nacer, era una luz especial. Al observarla bien veíamos que todavía tenía huellas de un pasado reciente no muy halagüeño.
En la Misión Milagro los héroes anónimos son los especialistas de los Consultorios Populares, como nos explicó la doctora Mayra Rodríguez, desde la base ella hoy, tras cinco años de trabajo en Venezuela, coordina en el estado Bolívar toda esa actividad. En el 2004 se empezaron a dar cuenta a través de la Misión Robinson que había muchos estudiantes que no veían bien, con el censo inicial detectaron no sólo el déficit visual sino cataratas, pterigium, estrabismo y una serie de patologías quirúrgicas, de ahí nace la necesidad de la Misión Milagro que ha sido lo máximo, nos dice, indescriptible la satisfacción de las personas, no sólo de los adultos mayores, donde son más frecuentes estas enfermedades, sino las cataratas congénitas donde los niños luego de ser operados recuperan la visión, no hay palabras para describir el asombro de la criatura y el agradecimiento de los padres.
Las ópticas, sin dudas, son un punto de apoyo, los pacientes a los tres meses de operados se vuelven a evaluar, hay que buscar la opacidad de cápsula para hacerle refracción y a los seis meses una segunda revaluación con otra refracción. Todo esto se le garantiza con la evaluación del oftalmólogo para que el paciente quede con una visión óptima.
Toda persona que llegue al Consultorio Popular se le manda a hacer una refracción, no olvidamos que el estilo de trabajo de la misión es hacer pesquisa activa, toda persona que vean, ya sea en consulta o en terreno, le indican la batería de examen completa, no sólo la refracción, sino también se valora por oftalmología, por odontología y una vez que lo ven todos los servicios se hace un diagnóstico. En más de una oportunidad vimos a los médicos dar consulta en el camino cuando se le acerca la población, en el mercado y hasta en una buceta, nunca dice que no.
De ahí se conoce si la persona está sana o si tiene una patología oftalmológica u otra que vean a través de los resultados. A los mayores de 40 años se le hacen Rayos X, ultrasonido, densitometría para lograr un diagnóstico integral del paciente.
A finales de 2006 comenzando el 2007 se hace el dictamen de la población donde se registra más del 92 por ciento de la comunidad, encontrando que las enfermedades más comunes son la hipertensión, la diabetes mellitus, cardiopatías isquémicas, entre otros problemas higiénicos que también salen a flote en este primer diagnóstico, además de los operados en Misión Milagro. El programa del Adulto Mayor, perfeccionado en el 2008, apoya la búsqueda en la población mayor de 60 años que de por sí significa más del 50 por ciento de los beneficiados con la Misión Milagro.
En el recorrido por el Lino Maradey nos encontramos con varios luchadores sociales venezolanos como la presidenta de la cooperativa de los Piquitos, Gisela Sánchez, quien estaba como paciente por una obeitis, pero que se le encuentra fácil en el centro acompañando a personas de su comunidad que tienen que pasar por el filtro oftalmológico. Esta contenta y con razón, la infección ha desaparecido aunque piensa que el mejor remedio fue el cariño de la doctora, esta mujer con mucha sangre en las vena en su Consejo Comunal hace un gran trabajo, no sólo con Barrio Adentro, sino que han restaurado escuelas y todos tienen su responsabilidad, sobre todo la de superarse.
Gisela nos presenta a Julio Serán Izarra, estudiante de la Misión Sucre en la actualidad que cuando inició sus estudios en la Misión Robinson no veía nada por la catarata congénita que tenía, con la operación ha podido continuar sus estudios, para él la Misión Milagro es toda una familia y está muy agradecido por todo lo que hacen.
Anteriormente pasaban la gente cerca y no las distinguía, le decían que si era millonario porque no hacia nada, pone a Dios como testigo de que su vista esta bien lo que le ha permitido pasar de horas interminables en el portal de la casa a una vida plena y económicamente útil para su familia. Sigue las orientaciones médicas al pie de la letra, es un hombre luchador, humanitario y admira el gran corazón de los médicos cubanos para los cuales no hay límites a la hora de prestar ayuda. Hay muchos que le preguntan con quién se opero porque todavía desconfían de los especialistas de la Isla, pero él, que tenía dinero para pagar la operación en una clínica privada, prefirió hacerlo en Barrio Adentro.
Leyvis nos presenta a Rosangela Bolívar, quien lleva dos años trabajando como defensora de la salud con la Misión Milagro porque para ella es muy bonito poder ayudar a esas personas que se sentían tan deprimidas por no ver, se sentían tan vacíos, al ver el rostro de ellos cuando recuperan la visión, se le llena su alma de regocijo. Considera una experiencia única participar en los operativo, como el que se hizo recién en el municipio José Antonio Páez donde captaron a muchísimas personas, recuerda con agrado la emoción de estos pacientes cuando le hicieron el examen para saber que tenían y como podían ayudarles.
Damaris Alvarez es otra de esas luchadoras sociales venezolanas que nos encontramos en el Lino Maradey que se han entregado con el corazón a la obra, piensa que la preocupación por la comunidad nace con el individuo, que en los hogares se inculca el sentimiento de la responsabilidad con los demás. Damaris es de Lara y desde que se mudó para el estado Bolívar emprendió la ayuda a la gente sin ninguna retribución económica, tramitando ayudas técnicas, logró en su comunidad que se organizaran las Madres del Barrio, empezaron a conseguir viviendas. Ella forma parte de un trío de mujeres que se han convertido en ejemplo para su comunidad y ahora están incorporadas a las Misiones. Con el Movimiento V República empezaron a caminar de casa en casa, de pueblo en pueblo, incluso han salido fuera del estado, hasta que llegó el momento en que se creó la misión Barrio Adentro, cuando aquello estaba en el IPASME trabajando, allí conoció a un doctor que le dijo que se iba a crear la misión que podían trabajar ahí y ayudar mucho por la experiencia que tenía.
Siguieron su labor por llanos y montañas, caminando y caminando mientras se hacían los consultorios y los centros especializados. Estuvieron un año sin retribución económica y el primero de enero de 2007 recibieron el primer pago. Todos se preocupan de que la misión funcione bien, van de barrio en barrio, a las comunidades indígenas, con los operativos médicos, distribuyendo las ayudas técnicas a los necesitados.
Para Damaris el apoyo principal que han tenido es el de los médicos cubanos, que han venido a Venezuela a enseñarles cosas que en verdad no sabían. El médico cubano puede decir que es una persona muy especial y como ellos no los hay, nos afirma con una amplia sonrisa, y agrega que en verdad son gente que no descansa hasta lograr el objetivo, siempre están encima del paciente, cómo está, qué hace, si toma lo medicamentos, ellos les han inculcado esa preocupación por el bienestar ajeno. Afirma que eso se lo deben al presidente Chávez y su meta es que sean uno sólo. Esta mujer todavía joven se desvive por los niños, las personas discapacitadas y los ancianos, en el Consejo Comunal han logrado en el 2008 más de 7 500 pensiones.
Le pasa un brazo a Leyvis por los hombros y nos mira con franqueza, ella al principio le huía a la Misión Milagro porque la gente no hacía más que decir que los cubanos les iban a sacar lo ojos a los enfermos y estaba segura que cuando oyera al primero no podría contenerse de otorgarle un buen coscorrón y es preferible no encontrarse con ella. Los médicos también le han enseñado que en la razón esta la fuerza y en verdad todas esas mentiras fueron cayendo por su peso sin que se diera un golpe. El pueblo tenía metido en la cabeza cosas terribles porque de eso se encarga la oposición con la mayoría de los medios de difusión masiva, de echarle leña al fuego, pero no hubo mejor recompensa para los cubanos que habían dejado a su familia para venir a sacrificarse por ellos, para ayudarlos, que ver la satisfacción en las comunidades y el triunfo de la verdad.
Si les costó mucho trabajo en los inicios de la Misión Milagro y padecieron bastante para conseguir la gente para las operaciones, resulta que hoy en día lo han logrado. Se dan cuenta que las cosas han cambiado bastante, nos pone el ejemplo de una visita reciente a un barrio donde hicieron una gran pesquisa el fin de semana y el lunes cuando pensaba que no llegaría nadie se empezó a encontrar a todos los pacientes citados a la consulta y el martes se fueron a Puerto Ordaz los que estaban en condiciones para operarse en el Centro Oftalmológico, como bien tiene puesto el nombre es un milagro para todos ellos, salen operados y hasta con los lentes que el más barato no baja de 400 bolívares, ni hablar de costo de la operación. Todo es gratuito.
Antes de seguir nuestro recorrido nos dice que en operativo encontraron a un muchacho joven tenía cataratas y pterigium , fueron con la doctora y empezaron a hablarle de la Misión Milagro y no hacía más que repetirles que lo iban a dejar ciego. La doctora les aconsejó que le insistiéramos al hombre y le volviéramos a explicar los riesgos de que se quedara ciego para toda la vida si no se acababa de operar. Él vivía cerca de ella y al pasar por su casa para ir al consultorio le preguntaba si se iba a operar y siempre tenía un pretexto hasta que la cansó, le dijo que lo iba a ir a buscar con la policía porque se le estaba acabando el tiempo para que la operación fuera un éxito y que tanto ella como la doctora no podían dormir tranquilas por su culpa. De repente un día la siguió al consultorio y no dejaba de decirle que era más cubana que las cubanas, la doctora cayó sentada mientras se reían los tres por la ocurrencia de Damaris de que iba a traer al hombre con las autoridades. Vino la camioneta y lo llevaron directo a Puerto Ordaz, al hombre le quitaron el pterigium pero la catarata fue posteriormente en Cuba, luego de todos los horrores que habló hoy no deja de ser un defensor de la medicina cubana y pregunta cuando puede regresar a la Isla..
Llegó la hora de un bien merecido café que las muchachitas venezolanas han aprendido a hacer muy bien a la cubana, negrito, negrito, con un aroma que levantaba un muerto, allí vino a saludar a Leyvis un luchador social que es fundador de la Misión Milagro allá en el año 2004, con alegría nos dice que su primer paciente fue su abuela ciega de ambos ojos desde hacia tiempo, recuerda a la profesora María Teresa Bernal, matancera, quien siempre lo guió. La llevaron al hospital Pando Ferrer en la capital cubana, un centro de referencia nacional e internacional en oftalmología.
Allí estuvieron 16 días, regresaron a Bolívar y ya para el segundo ojo fue ella sola. Trabajó llevando pacientes para Cuba, era hombre con hombre, tenían que hacerle de todo, lavarle hasta los calzoncillos, un señor le dijo que eso que le había hecho a él no se paga ni con la mayor riqueza del mundo, cuando el necesitaba de su persona no vaciló en tenderle la mano.
En esas funciones estuvo no sólo en La Habana, sino que conoció las provincias de Matanzas y Camagüey.
En una oportunidad uno de los pacientes que lo habían operado de pterigium, tenía también una catarata que le impedía la visión, 75 años y alcoholizado, estaba metido en el ambiente del licor en Ciudad Bolívar, tomaba demasiado todos los días y lo mejor que se le ocurrió fue hablar mal de los médicos cubanos que querían quitarle lo que más amaba en la vida: el aguardiente. No veía su problema de adicción y que para curarse en primer lugar debía tener la disposición de hacerlo. Fue muy difícil recuperarlo pero se logró y después no sabía como presentar la cara ante la comunidad. Luego se abrió el punto quirúrgico en Ciudad Bolívar y más tarde se creo el Centro Oftalmológico en Puerto Ordaz por lo que se operó la catarata en su región.
Vuelven sus recuerdos a la abuela que vive con un tío renco de un pie que apenas puede hacer nada y estuvo más de tres años ciega. Ya no está constantemente quemada por sus trajines en la cocina como antes y ha vuelto a vivir, nos afirma con convicción de quien lo ha sufrido que a pesar que todos los gobiernos anteriores no hacían nada más que hablar de democracia, sólo el presidente Chávez se ha ocupado de los pobres como es el caso de la Misión Milagro en Barrio Adentro.
Cuando ya nos íbamos de aquel pequeño restaurant que los trabajadores habían convertido en un lugar alegre y bonito donde se toman fuerzas para continuar en la tarea y sin haber podido conversar con Leyvis sobre su decisión de estudiar medicina después de trabajar como economista en la Universidad se nos acerca una joven que apenas rebasaba la veintena de años, Milagro Acosta, una luchadora social que transpiraba vida, no quisiera ver al paciente que se le resienta, en el 2004, cuando se iniciaba la Misión Milagro ella se llegó al Lino Maradey para hablar con una de las especialista para empezar como Trabajadora Social, primero la enviaron a la Casa Alimentaria para buscar a las personas que estaban en situación extrema y ponerlos en el grupo de ayuda, luego acompañaba a la Misión Barrio Adentro, donde estaba con las doctoras en el consultorio habilitado en la casa donde vivían hasta que se construyeron los módulos Nadie de su familia trabajaba en eso, ella pasó el curso en Cuba para hacer un curso sobre el tema que le dio a conocer una prima lo que considera que fue maravilloso para ella. Cuando nos dice que en la Isla engordó la miramos con escepticismo porque era muy delgada, nos narran que todos querían que quedara con las libritas de más pero le hacían falta los aires tropicales.
Allí en el Consultorio Popular aprendió a hacer las visitas de terreno con las doctoras, casa a casa. Cuando los pacientes regresan van a visitarlos para saber como están y ellos no dejan de expresar su agradecimiento como la señora Brígida que habían tenido que visitarla tres veces para que se operara y después estaba de lo más alegre viendo clarito, clarito.
Cuando visitamos la Sala de Observación, nos topamos conque uno de los ingresos era el papá de Leyvis, allí estaba la mamá de nuestra maravillosa guía, Argelia, quien nos dijo que ya su esposo estaba bien pero que los médicos cubanos no le daban el alta hasta que pudiera correr por los montes, y se echó a reír.
Al notar las buenas relaciones que habíamos establecido con su hija nos muestra una foto dantesca, con una mujer de edad indefinida sentada en una silla de ruedas que parecía que se iba en un suspiro, ya nos preguntábamos quien era cuando nos dijo que esa era hace apenas cuatro años su hija Leyvis, la volvimos a mirar estupefactos porque el asunto no era para una broma. Es entonces que se levanta el velo que nos envolvía desde que llegamos a la institución.
Argelia nos explica que a Leyvis la censaron en Maipure los médicos de la Misión Milagro porque también estaba ciega, ellos la remitieron al Lino Maradey donde estuvo 16 días en terapia intensiva y otros tanto en observación, en esos momentos ya la habían desahuciado los médicos venezolanos porque no se lograba controlar su diabetes y estaba muy mal. La muchacha, que contaba ya treinta años, llegó pesando 18 kilos. Ya va a tener tres años de operada de la vista y tiene un peso normal.
Antes de continuar conversando con Argelia preferimos que Leyvis nos hiciera su historia, nos dice con lágrimas en los ojos que ella es una de esas vidas salvadas por los médicos cubanos y el convenio entre Cuba y Venezuela.
Cuando debutó con la enfermedad era policía, divorciada y con una niña que en estos momentos tiene 15 años. Había regresado al estado Bolívar a estudiar y hacerse profesora de Educación Física, precisamente en el momento en que se graduaba en la Universidad como educadora los médicos le diagnosticaron diabetes, aunque nunca se lo dijeron.
Ya trabajando en el descanso de la Semana Santa se fue de vacaciones con la gente de la Universidad y los niños, estuvo cuatro días en la playa y durante todo el tiempo le parecía que se moría, no sabía que era lo que le estaba pasando, se mantenía apenas con agua, jugo de naranja, tratando de comer cosas y orinando. Rebajó como 10 kilos en esos cuatro días.
Cuando regresó del viaje la mamá lallevó a hacerse los exámenes y ya la glicemia estaba en 700, rango que no disminuyó.
Le daban pastillas que cambiaban y nada que nada, seguía igual. Al mes quedó ciega del primer ojo, el izquierdo, a los 15 días quedó ciega del segundo y de allí en un mes ya tenía 20 kilos menos, la llevaron hasta Caracas, a Los Teques. Le decían a tantas cosas pero iba para atrás porque no se le encontraba solución a su enfermedad.
Se encontraba en un estado de desesperación, hasta se preguntaba sobre la existencia de Dios, no quería que los médicos venezolanos la vieran más, sólo rogaba por la muerte. Después de eso empezaron a quemársele las manos, no se podía bañar, empezó a usar pañales, se quedó postrada en la cama, no podía caminar y le pedía al papá que por favor le llevara algo para morirse. Ese era su único deseo al ver sufrir a su familia, a su pequeña que apenas tenía nueve años.
Le donaron una silla de ruedas, para por lo menos ir a cobrar al banco o alguna que otra gestión, sólo aceptaba que sus padres la llevaran. Lo que más la lastimo fue el asco que provocaba en la gente, se paraban frente a mi casa a decirme que tenía SIDA por lo flaca que estaba, incluso la familia se alejó. Solo quedó con sus padres, su hija y dos hermanos que fueron su sustento. Siempre trataban de entretenerla, buscaban la manera de que se riera, de que estuviera tranquila, hasta el momento que le dijo a su mamá que no la dejara morir en Puerto Ordaz, que la sacara de allá, de ahí su mamá compró una casita en Ciudad Bolívar, en un lugar místico.
Según cuenta la leyenda en Maiguanta apareció una virgen que se llama Rosa Mística, en una hacienda de una señora, Al lado de la casita que compró su mamá, vivía una señora colombiana que le decía que la llevara a la virgen para ver si se hace un milagro, por lo que la llevaron a la gruta. El último día que fueron a la gruta le dijo la señora que la iba a poner en terapia, allá en el cielo, porque Dios la iba a ayudar, la virgen habló de que ella iba a salir de todo.
En ese momento Leyvis no tenía uñas en las manos, ni en los pies, se le podía contar los pelos en la cabeza, como a una persona que le administran quimioterapia, así estaba. Ese día que le dijeron eso al otro día fue que la ingresaron en el Lino Maradey.
Ahí recuerda Argelia que fue una Defensora de la Salud a la casa y preguntó si había algún familiar enfermo, se le explicó que había una diabética ciega. A los 15 días cuando estaba de visita en Puerto Ordaz la llamaron de Misión Milagro para que se presentaran en el Lino Maradey, en esos momentos Leyvis estaba grave en la casa y ella le dijo a su viejo que iban a llevarla para que se la vieran.
Después de casi un mes de ingresó la joven salió caminando de la instución con su diabetes compensada y 35 kilos de peso. Posteriormente volvió a ingresar para operarse las cataratas por la doctora Ana María Chongo, cirujana especialista en cataratas metabólicas.
En estos momentos se aplica una dosis de dos insulinas diarias, una en la mañana y la otra en la noche. Nos dice que gracias a Dios, a Fidel y Chávez, tiene sus vitaminas, el Polivit. Con una sonrisa de lado a lado repite que gracias a Dios y a los hermanos cubanos que han sido su familia, salió caminando, ya puede ver y es feliz, tiene muchas amistades y quiere abrir una Fundación para ayudar a las personas que son diabéticas y darles las informaciones necesarias para que no sufran lo que ella sufrió. Afirma que era una hipoglicemia andante. Es una persona normal, come seis veces al día y como le enseñaron los médicos cubanos, su dieta es balanceada y en pequeñas cantidades.
Le da las gracias al doctor Silvio, el director del Centro de Diagnóstico Integral que ha sido su hermano y es uno de los que más lo apoya en su decisión de estudiar medicina
Un 6 de noviembre fue operada del primer ojo en el Centro Oftalmológico, los amigos contentos la acompañaron, ya había estado ingresada otras veces pero la emoción de poder recuperar la visión la descompensaba, ese día se sentó frente al espejo para aconsejarse de que ella era la única que podía solucionar ese problema y debía tranquilizarse. La mamá la dejó en la puerta del quirófano, la operaron y, al otro día cuando le iban a quitar el vendaje, le dijo la doctora que tenía que ir al Lino para hacerle las curas con la doctora Teresa, la oftalmóloga.
Tal nos parece estar viviendo con ella cada instante, hay tanta pasión en su relato, como conocía por la voz a todos los especialistas del Lino Maradey y ese día que le destaparon los ojos se pusieron todos a su alrededor pero nadie hablaba, pero olvidaron que ella conocía también los olores de cada uno, de repente a la primera que mencionó fue a la doctora Teresa, su muchachita linda, con su cabello blanco como la nieve, miraba al resto hasta que uno hizo un gesto y los fue identificando. La mayor emoción fue cuando vio a sus padres, le dijo al padre entre risas que él si estaba viejo, con una camisa 87, porque tenía el número bordado en la tela, que su mamá era una jovencita. Cada vez que veía a alguien sólo sabía decir que eran muy lindos.
Cuando ya estábamos todos conmovidos hasta las raíces Argelia nos dijo que no puede olvidar cuando llevó a su hija a la institución, estudios van y estudios vienen para poder determinar la causa de que no le bajaran los niveles de azúcar. Encontraron un foco infeccioso en la boca, había que trasladarla a un centro especializado en odontología con los servicios de terapia, allí estuvo durante más de dos meses hasta que después de sacarle la dentadura que estaba dañada le pusieron una nuevecita para que pudiera reír a gusto. Los médicos cubanos no escatimaron sacrificar hasta horas de sueño para devolverle a su hija y eso, nos asevera Argelia, no se paga ni con todo el oro del mundo y le pide a Dios que cuide de su presidente que los bendijo con estos hombres y mujeres sin parangón.
De ahí que Leyvis decidiera cambiar su profesión, hacerse médico para poder dedicar su vida a ayudar al que sufre donde quiera que se encuentre y estamos seguros que será una magnífica doctora.
Leyvis nos había dejado para último a sus compañeros de estudio de Medicina General Integral, mientras atravesábamos los largos pasillos recordamos a la enfermera Raquel Abreu Armenteros quien nos había prometido narrarnos un caso extraordinario de cuando ella trabajaba en la línea pre-operatoria en Ciudad Bolívar, ya sabemos que es esta muchacha de acero. Raquel en aquel entonces era jefa del Salón de Operaciones, posteriormente se traslada la municipio Carona cuando abre sus puertas el Centro Oftalmológico que esta en una unidad conocida como 171, lo que permitió un mayor número de operaciones.
La experiencia le ha dicho a esta profesional que Venezuela no sólo ha sido increíble y muy grata, sino que también comprendió que necesitaban una ayuda urgente de ese tipo desde hacia mucho tiempo porque cuando se habla de Misión Milagro se trata de llevar a la comunidad de forma gratuita los servicios médicos especializados que requerían, sin distinción de clase o raza. Ese trabajo es decisivo, la enfermera es muy importante pues lo primero que brinda al paciente es una sonrisa que trasmite seguridad a los que la rodean y sólo pide de recompensa que las miren como hermanas.
Ya nuestros estómagos estaban reclamando a gritos que nos acordáramos que para vivir hay que comer cuando nos fuimos con Leyvis nuevamente al comedor de casa de muñecas, como lo calificamos nosotros, allí nos esperaban unos deliciosos frijoles negros a lo cubano, caraotas, como se le conoce en Venezuela, arroz blanco, un filete de pescado excelente y papas fritas, todo un manjar de los dioses, rociado con un jugo natural que son famosos en la región.
El dicho popular expresa que barriga llena, corazón contento, de ahí que nos dirigimos a un aula para conversar con los estudiantes de Medicina Integral Comunitaria, nos esperaba una dama y un caballero, Mileidys Cárdenas y Régulo Morales, sin preguntar la muchacha nos dice que con lo que más aprende es en la interacción con el profesor en la consulta, le gusta mucho la práctica, le da satisfacción poder estar junto al médico en la unidad y hacer con él las visitas en el terreno, cosa que nunca antes hicieron los estudiantes de medicina venezolanos. Menciona con especial cariño la Misión Milagro y la José Gregorio Hernández, caminar de sol a sol para buscar los casos que ya conocían y los que no se habían detectado en ocasiones anteriores. Es muy hermosa esa trilogía del paciente con el médico y el estudiante.
Sabe que si quiere terminar la carrera no será nada fácil porque tiene hijos pero hace el esfuerzo y ya ha vencido los tres primeros años lo que le parece todo un sueño, sabe que trabajará tanto en la montaña como el llano, donde la necesiten y nos pone el ejemplo de la Misión Milagro como una nueva visión de la medicina porque la esencia de la salud es prevenir las enfermedades, no sólo curarlas.
Estos jóvenes luchan para salir adelante, para crear conciencia en la población y saben que mientras más médicos hayan más salud habrá. Espera está mamá de dos hermosas criaturas que cuando sus hijos sean mayores puedan decir que tienen lo que su Presidente quería con Barrio Adentro, un milagro en la comunidad. Mileidys es muy pobre pero eso constituye un incentivo para ella.
Regúlo es estudiante de segundo año y participa con su comunidad en todas las actividades, principalmente de salud, esto le ha permitido conocerla y los profesores cubanos les enseñan también a mejorar las condiciones higiénico sanitarias del entorno y como tienen que impartir las charlas para que la población entienda que la salud es un problema de todos. La realidad a veces nos impacta porque no hemos sabido apreciarla en toda su magnitud.
La Misión Milagro fue para él una escuela, no sólo por la cantidad de personas que recuperaron la visión, entre ellos varios niños con una catarata congénita que a veces estaban ciegos completamente. Buscar las personas con problemas de visión, que tienen algún pterigium, alguna catarata, ya aprendió a detectar estas y otras patologías, incluso hasta el grado del pterigium.
Se han ganado tal respeto de la comunidad que ya los tratan como doctores y ellos se sienten como tal con la obligación de estudiar y profundizar mucho más de lo que han hecho hasta el momento. También piensa que
una de las cosas más importante es que interactúan con el paciente y van adquiriendo la práctica profesional a pesar que no están graduados pero se encuentran en el camino. Pone una cara que merece una foto cuando nos dice que se llena de alegría cuando lo llaman médico o doctor, de hecho en su casa, a cualquier hora, tiene la disponibilidad con sus vecinos, ocho, nueve, doce de la noche y responde el llamado ante la necesidad de una pastilla para la fiebre pues en la zona donde vive el traslado a altas horas de la noche es muy costoso y no está al alcance de los pobladores. Él no deja de orientarlos de que no falten al otro día a la consulta.
A medida que pasa el tiempo y con los estudios se les abren más oportunidades con las misiones Milagro y José Gregorio Hernández para llevar adelante la Revolución y buscar a todos los que tienen necesidades. Se siente satisfecho porque hace lo que quería hacer en apoyo a su comunidad y hay más posibilidades para sus vecinos que ya tienen un médico, que tienen medicamentos, totalmente gratis.
Nos despedimos de Leyvis con un abrazo y muchos deseos de éxitos, nos esperaba un largo camino pues íbamos hasta Upata, como conoce todo el mundo al municipio Piar, donde nos esperaba el director de uno de los dos Centros de Diagnóstico Integral en aquel momento, el doctor Alexander Falcón Ruiz. El Área de Salud Integral que el dirige es Coviaguar, con más de 54 mil habitantes.
Fuimos allí porque entre las acciones de salud de más repercusión está la Misión Milagro. Fuimos con un grupo a tocar casa a casa con los especialistas en Medicina General Integral de los consultorio, los defensores de salud y los estudiantes venezolanos de medicina. No cabe dudas de que con la ayuda de todos han logrado identificar los problemas de salud de los estudiantes y es más sencillo ir a la búsqueda de las patologías oftalmológicas quirúrgicas. Personas mayores de 50 años de edad, diabéticos, hipertensos, que también pueden padecer de retinopatía, esa es una causa también de disminución de la agudeza visual y además de eso censan padecimientos que en otro momento pueden ser operados como el estrabismo en los niños.
Fuimos al Consultorio Popular del Manteco que posee hasta una sillón estomatológico, por cierto que está bastante distante. Con un casco histórico de 6 mil habitantes y 17 asentamientos campesinos, de los cuales dos son indígenas. En realidad la población llega alrededor de 18 mil habitantes que se atienden, como en la Victoria o Santa Rosa, que también están un poco lejos.
Formamos parte de unas brigadas pequeñas donde el personal en conjunto llega a una población, ahí invitan a los estudiantes y se dividen las calles, planifican el trabajo para que no se les quede ni la mascota y luego se reúnen en un punto de concentración. Todo el mundo va con su libretita o con su hoja a hacer el trabajo casa a casa, aprovechan esa ocasión para dar charlas educativas y trabajo comunitario como tal.
Salen de los CDI y la SRI, y laboran no sólo en la tarde de lunes a viernes, intensificando el trabajo de terreno, sino también los fines de semana, sábado y domingo, para los cuales se planifican las regiones más apartadas hasta donde en algunas no llega todavía una atención médica regular. Allí todos dicen presente como la operación Tum, Tum, que se hace en Cuba para poder llegar a todos los hogares de Venezuela. Saben que es un asunto de toda la Brigada Médica Cubana.
Alexander recuerda que en una oportunidad se encontraron con un caso que es poco frecuente verlo en Cuba, una señora que tenía pterigium en los dos ojos, pero no sólo eso, sino que en los dos bordes, internos y externos, por lo que decían que ella hacía por cuatro pacientes, esa es una operación que es bastante cara por cierto. Siempre encuentran pacientes que no han mejorado, la mayoría debido a que no siguen las orientaciones médicas luego de la operación, no hacen el reposo necesario, bajan mucho la cabeza, no se cuidan de los cambios de posición y otros no se ponen los colirios, como los antibióticos y antinflamatorios.
Al regresar a Puerto Ordaz donde finalizaría esta visita al estado Bolívar teníamos grabada la imagen de Leyvis que como Ave Fénix resurgió de sus cenizas para ayudar a su pueblo.
El centro de atención médica Lino Maradey en Ciudad Bolívar se ha convertido en un ejemplo de integración entre la medicina cubana y la venezolana, de ahí que quisiéramos recorrer en detalle las instalaciones, tarea no sencilla si tenemos en cuenta que es como una inmensa colmena y todo el mundo está a tope con el trabajo. A pesar del esfuerzo no faltaba la sonrisa en los labios de los especialistas y con rapidez una estudiante venezolana de Medicina Integral Comunitaria, Leyvis Martínez, nos sirvió de guía en el recorrido con una pasión que nos llamó la atención, tendríamos que descubrir el por qué.
Buscábamos todo lo referente a la Misión Milagro y constatamos con la doctora Irene Milagros Siu Núñez que el paciente llega ya evaluado por el oftalmólogo, así como el optometrista y con los análisis hechos como hemoglobina, hematocrito, etc. se le hace un examen clínico completo, sino está apto se le pone tratamiento y se aplaza la operación, se le da una reconsulta donde se le vuelven a hacer todos los exámenes para ver si está listo.
El paciente puede estresarse pero se conversa mucho con él para que no se sientan temerosos, atención psicológica, si tiene alta la tensión se le pone tratamiento y un tiempo prudencial para volverlo a examinar, hay casos que se ingresan para compensarlos. Es posible que un paciente esté normal pero en el transcurso del viaje, pensando lo que le van a hacer, se descompensan, si están en ayunas o si comieron un desayuno copioso, siempre se busca una solución. En realidad una operación siempre nos pone a pensar y es lógico.
El pterigium es más frecuente que la catarata, muchos con grado tres y cuatro, no se ha hecho una investigación al respecto, pero todo parece indicar que tiene que ver el clima, la contaminación ambiental, no hay hábito de protegerse. La doctora Irene recuerda a un paciente diabético que venía con mucha frecuencia porque hubo que aplazarlo en varias ocasiones, se imbricaba también el problema de la anemia crónica que tenía, no se logró mucho con la atención ambulatorio y se ingresó en un Centro de Diagnóstico Integral, finalmente se compensó, recuperó su visión luego de larga espera, aquí llegó a comprender que él tenía también que poner de su parte y seguir al pie de la letra las orientaciones de los médicos.
Incorporan a la sociedad a una persona, rescatan su deseo de vivir, se puede valer, ya que muchos de estos pacientes ancianitos, como no pueden ver, ya ni se asean, dependen de que otro lo ayude y no siempre lo tienen, no se nutren como se debe hacer. De ahí que cambian de forma maravillosa, empiezan a preocuparse por su porte y aspecto, por su alimentación, por ayudar no sólo en el hogar, sino también en la comunidad, es apreciable. No cabe dudas que la Misión Milagro es una obra muy útil por el gran contenido humanitario que tiene.
Fuimos al laboratorio para conversar con uno de sus técnicos y nos encontramos con Edil García Martínez, un enamorado de su trabajo que sabe de la importancia de que los exámenes se realicen con calidad para detectar las posibles anemias o pacientes diabéticos que por una causa u otra no se han estudiado y llegan a la institución sin un tratamiento adecuado, cada vez son menos los casos que llegan en esas condiciones pero de todas formas hay que precaver antes de tener que lamentar. Edil estaba de visita pues el labora en el Centro Oftalmológico de Puerto Ordaz pero le gusta intercambiar experiencias cada vez que el trabajo se lo permite.
Lo primero que hacen con el paciente en el laboratorio es rotular acorde a la indicación del clínico y posteriormente de forma organizada comienzan a realizar los exámenes. El tiempo de diagnóstico es relativamente corto puesto que los procedimientos son por el método cinético y punto final, estos se realizan en equipos de alta tecnología, lo que permite un resultado rápido y seguro. Son importantes la fase educativa y las normas de sepsis y antisepsis que tienen que emplear en el laboratorio clínico, por lo general los pacientes tienen muy poca cultura médica y no sólo hay que explicarles, también enseñarles. Para ello utilizan charlas educativas, se les dan detalles de la forma que emplean para realizar los procedimientos técnicos, el por qué de la extracción de la muestra de sangre y cómo se hace para que la misma salga con la calidad requerida, con el procedimiento establecido para que no vaya a existir un falso resultado en el futuro diagnóstico. Para este joven un paciente es un ser humano que sufre y el hecho de estar en Venezuela es algo que rebasa sus expectativas de brindar su mano amiga.
Los fines de semana participa de forma activa en los operativos que se realizan en las zonas más apartadas. Esta labor la realizan también los especialistas en general del Centro Oftalmológico con los médicos de las áreas y los luchadores sociales venezolanos apoyan la tarea de la Misión Milagro y vemos resultados en relación con el nivel de conciencia que va adquiriendo el pueblo. Aunque parezca increíble existen pacientes con las patologías oftalmológicas que no están sensibilizados con ellas, piensan que son problemas de la edad y tienen que resignarse a la ceguera. Todo cambia, la paciencia y la sabiduría de estos especialistas cubanos permiten que se establezca con amor una estrecha comunicación, llegan a interiorizar las causas de la enfermedad y como darle solución. Han llegado a familiarizarse con Barrio Adentro y el nivel de confianza para encontrar una respuesta los hace acudir a la consulta.
Nuestra guía nos habla de la importancia de las enfermeras en todo este quehacer y nos viene a la mente la licenciada María del Carmen Abad, quien como Edil trabaja en el Centro Oftalmológico de Puerto Ordaz, quien no deja de decir que nunca había vista tal cantidad de pacientes con déficit visual. Ella reúne la experiencia de Cuba el 2004 justamente con los primeros pacientes que llegaron de Venezuela, muchos son los casos que llegan ciegos, habían perdido la esperanza de recuperar su visión porque no podían pagar la operación y ahora se la hacían gratis, de ahí el nombre de Misión Milagro que se ha hecho posible por la voluntad de Chávez y Fidel.
El coordinador de óptica de Barrio Adentro en el estado Bolívar, Junior Oscar, nos explica que ese trabajo comienza en la región en el 2004 con 24 jóvenes, ya en estos momentos son 98 especialistas que atienden las 31 ópticas distribuidas en los 11 municipios. La estructura permite llegar a toda la población venezolana de manera tal que se pueda atender hasta el paciente de la zona más difícil, buscan estrategias de trabajo a través de óptica móvil para los operativos. Para él es un sueño hecho realidad.
Por aquellos amplios pasillos donde reinaba el orden nuestra guía parecía conocer al dedillo todo el quehacer en el Lino Maradey, saludaba a diestra y siniestra, a veces con una sonrisa pícara en su rostro, nos daba la impresión de una persona que volvía a nacer, era una luz especial. Al observarla bien veíamos que todavía tenía huellas de un pasado reciente no muy halagüeño.
En la Misión Milagro los héroes anónimos son los especialistas de los Consultorios Populares, como nos explicó la doctora Mayra Rodríguez, desde la base ella hoy, tras cinco años de trabajo en Venezuela, coordina en el estado Bolívar toda esa actividad. En el 2004 se empezaron a dar cuenta a través de la Misión Robinson que había muchos estudiantes que no veían bien, con el censo inicial detectaron no sólo el déficit visual sino cataratas, pterigium, estrabismo y una serie de patologías quirúrgicas, de ahí nace la necesidad de la Misión Milagro que ha sido lo máximo, nos dice, indescriptible la satisfacción de las personas, no sólo de los adultos mayores, donde son más frecuentes estas enfermedades, sino las cataratas congénitas donde los niños luego de ser operados recuperan la visión, no hay palabras para describir el asombro de la criatura y el agradecimiento de los padres.
Las ópticas, sin dudas, son un punto de apoyo, los pacientes a los tres meses de operados se vuelven a evaluar, hay que buscar la opacidad de cápsula para hacerle refracción y a los seis meses una segunda revaluación con otra refracción. Todo esto se le garantiza con la evaluación del oftalmólogo para que el paciente quede con una visión óptima.
Toda persona que llegue al Consultorio Popular se le manda a hacer una refracción, no olvidamos que el estilo de trabajo de la misión es hacer pesquisa activa, toda persona que vean, ya sea en consulta o en terreno, le indican la batería de examen completa, no sólo la refracción, sino también se valora por oftalmología, por odontología y una vez que lo ven todos los servicios se hace un diagnóstico. En más de una oportunidad vimos a los médicos dar consulta en el camino cuando se le acerca la población, en el mercado y hasta en una buceta, nunca dice que no.
De ahí se conoce si la persona está sana o si tiene una patología oftalmológica u otra que vean a través de los resultados. A los mayores de 40 años se le hacen Rayos X, ultrasonido, densitometría para lograr un diagnóstico integral del paciente.
A finales de 2006 comenzando el 2007 se hace el dictamen de la población donde se registra más del 92 por ciento de la comunidad, encontrando que las enfermedades más comunes son la hipertensión, la diabetes mellitus, cardiopatías isquémicas, entre otros problemas higiénicos que también salen a flote en este primer diagnóstico, además de los operados en Misión Milagro. El programa del Adulto Mayor, perfeccionado en el 2008, apoya la búsqueda en la población mayor de 60 años que de por sí significa más del 50 por ciento de los beneficiados con la Misión Milagro.
En el recorrido por el Lino Maradey nos encontramos con varios luchadores sociales venezolanos como la presidenta de la cooperativa de los Piquitos, Gisela Sánchez, quien estaba como paciente por una obeitis, pero que se le encuentra fácil en el centro acompañando a personas de su comunidad que tienen que pasar por el filtro oftalmológico. Esta contenta y con razón, la infección ha desaparecido aunque piensa que el mejor remedio fue el cariño de la doctora, esta mujer con mucha sangre en las vena en su Consejo Comunal hace un gran trabajo, no sólo con Barrio Adentro, sino que han restaurado escuelas y todos tienen su responsabilidad, sobre todo la de superarse.
Gisela nos presenta a Julio Serán Izarra, estudiante de la Misión Sucre en la actualidad que cuando inició sus estudios en la Misión Robinson no veía nada por la catarata congénita que tenía, con la operación ha podido continuar sus estudios, para él la Misión Milagro es toda una familia y está muy agradecido por todo lo que hacen.
Anteriormente pasaban la gente cerca y no las distinguía, le decían que si era millonario porque no hacia nada, pone a Dios como testigo de que su vista esta bien lo que le ha permitido pasar de horas interminables en el portal de la casa a una vida plena y económicamente útil para su familia. Sigue las orientaciones médicas al pie de la letra, es un hombre luchador, humanitario y admira el gran corazón de los médicos cubanos para los cuales no hay límites a la hora de prestar ayuda. Hay muchos que le preguntan con quién se opero porque todavía desconfían de los especialistas de la Isla, pero él, que tenía dinero para pagar la operación en una clínica privada, prefirió hacerlo en Barrio Adentro.
Leyvis nos presenta a Rosangela Bolívar, quien lleva dos años trabajando como defensora de la salud con la Misión Milagro porque para ella es muy bonito poder ayudar a esas personas que se sentían tan deprimidas por no ver, se sentían tan vacíos, al ver el rostro de ellos cuando recuperan la visión, se le llena su alma de regocijo. Considera una experiencia única participar en los operativo, como el que se hizo recién en el municipio José Antonio Páez donde captaron a muchísimas personas, recuerda con agrado la emoción de estos pacientes cuando le hicieron el examen para saber que tenían y como podían ayudarles.
Damaris Alvarez es otra de esas luchadoras sociales venezolanas que nos encontramos en el Lino Maradey que se han entregado con el corazón a la obra, piensa que la preocupación por la comunidad nace con el individuo, que en los hogares se inculca el sentimiento de la responsabilidad con los demás. Damaris es de Lara y desde que se mudó para el estado Bolívar emprendió la ayuda a la gente sin ninguna retribución económica, tramitando ayudas técnicas, logró en su comunidad que se organizaran las Madres del Barrio, empezaron a conseguir viviendas. Ella forma parte de un trío de mujeres que se han convertido en ejemplo para su comunidad y ahora están incorporadas a las Misiones. Con el Movimiento V República empezaron a caminar de casa en casa, de pueblo en pueblo, incluso han salido fuera del estado, hasta que llegó el momento en que se creó la misión Barrio Adentro, cuando aquello estaba en el IPASME trabajando, allí conoció a un doctor que le dijo que se iba a crear la misión que podían trabajar ahí y ayudar mucho por la experiencia que tenía.
Siguieron su labor por llanos y montañas, caminando y caminando mientras se hacían los consultorios y los centros especializados. Estuvieron un año sin retribución económica y el primero de enero de 2007 recibieron el primer pago. Todos se preocupan de que la misión funcione bien, van de barrio en barrio, a las comunidades indígenas, con los operativos médicos, distribuyendo las ayudas técnicas a los necesitados.
Para Damaris el apoyo principal que han tenido es el de los médicos cubanos, que han venido a Venezuela a enseñarles cosas que en verdad no sabían. El médico cubano puede decir que es una persona muy especial y como ellos no los hay, nos afirma con una amplia sonrisa, y agrega que en verdad son gente que no descansa hasta lograr el objetivo, siempre están encima del paciente, cómo está, qué hace, si toma lo medicamentos, ellos les han inculcado esa preocupación por el bienestar ajeno. Afirma que eso se lo deben al presidente Chávez y su meta es que sean uno sólo. Esta mujer todavía joven se desvive por los niños, las personas discapacitadas y los ancianos, en el Consejo Comunal han logrado en el 2008 más de 7 500 pensiones.
Le pasa un brazo a Leyvis por los hombros y nos mira con franqueza, ella al principio le huía a la Misión Milagro porque la gente no hacía más que decir que los cubanos les iban a sacar lo ojos a los enfermos y estaba segura que cuando oyera al primero no podría contenerse de otorgarle un buen coscorrón y es preferible no encontrarse con ella. Los médicos también le han enseñado que en la razón esta la fuerza y en verdad todas esas mentiras fueron cayendo por su peso sin que se diera un golpe. El pueblo tenía metido en la cabeza cosas terribles porque de eso se encarga la oposición con la mayoría de los medios de difusión masiva, de echarle leña al fuego, pero no hubo mejor recompensa para los cubanos que habían dejado a su familia para venir a sacrificarse por ellos, para ayudarlos, que ver la satisfacción en las comunidades y el triunfo de la verdad.
Si les costó mucho trabajo en los inicios de la Misión Milagro y padecieron bastante para conseguir la gente para las operaciones, resulta que hoy en día lo han logrado. Se dan cuenta que las cosas han cambiado bastante, nos pone el ejemplo de una visita reciente a un barrio donde hicieron una gran pesquisa el fin de semana y el lunes cuando pensaba que no llegaría nadie se empezó a encontrar a todos los pacientes citados a la consulta y el martes se fueron a Puerto Ordaz los que estaban en condiciones para operarse en el Centro Oftalmológico, como bien tiene puesto el nombre es un milagro para todos ellos, salen operados y hasta con los lentes que el más barato no baja de 400 bolívares, ni hablar de costo de la operación. Todo es gratuito.
Antes de seguir nuestro recorrido nos dice que en operativo encontraron a un muchacho joven tenía cataratas y pterigium , fueron con la doctora y empezaron a hablarle de la Misión Milagro y no hacía más que repetirles que lo iban a dejar ciego. La doctora les aconsejó que le insistiéramos al hombre y le volviéramos a explicar los riesgos de que se quedara ciego para toda la vida si no se acababa de operar. Él vivía cerca de ella y al pasar por su casa para ir al consultorio le preguntaba si se iba a operar y siempre tenía un pretexto hasta que la cansó, le dijo que lo iba a ir a buscar con la policía porque se le estaba acabando el tiempo para que la operación fuera un éxito y que tanto ella como la doctora no podían dormir tranquilas por su culpa. De repente un día la siguió al consultorio y no dejaba de decirle que era más cubana que las cubanas, la doctora cayó sentada mientras se reían los tres por la ocurrencia de Damaris de que iba a traer al hombre con las autoridades. Vino la camioneta y lo llevaron directo a Puerto Ordaz, al hombre le quitaron el pterigium pero la catarata fue posteriormente en Cuba, luego de todos los horrores que habló hoy no deja de ser un defensor de la medicina cubana y pregunta cuando puede regresar a la Isla..
Llegó la hora de un bien merecido café que las muchachitas venezolanas han aprendido a hacer muy bien a la cubana, negrito, negrito, con un aroma que levantaba un muerto, allí vino a saludar a Leyvis un luchador social que es fundador de la Misión Milagro allá en el año 2004, con alegría nos dice que su primer paciente fue su abuela ciega de ambos ojos desde hacia tiempo, recuerda a la profesora María Teresa Bernal, matancera, quien siempre lo guió. La llevaron al hospital Pando Ferrer en la capital cubana, un centro de referencia nacional e internacional en oftalmología.
Allí estuvieron 16 días, regresaron a Bolívar y ya para el segundo ojo fue ella sola. Trabajó llevando pacientes para Cuba, era hombre con hombre, tenían que hacerle de todo, lavarle hasta los calzoncillos, un señor le dijo que eso que le había hecho a él no se paga ni con la mayor riqueza del mundo, cuando el necesitaba de su persona no vaciló en tenderle la mano.
En esas funciones estuvo no sólo en La Habana, sino que conoció las provincias de Matanzas y Camagüey.
En una oportunidad uno de los pacientes que lo habían operado de pterigium, tenía también una catarata que le impedía la visión, 75 años y alcoholizado, estaba metido en el ambiente del licor en Ciudad Bolívar, tomaba demasiado todos los días y lo mejor que se le ocurrió fue hablar mal de los médicos cubanos que querían quitarle lo que más amaba en la vida: el aguardiente. No veía su problema de adicción y que para curarse en primer lugar debía tener la disposición de hacerlo. Fue muy difícil recuperarlo pero se logró y después no sabía como presentar la cara ante la comunidad. Luego se abrió el punto quirúrgico en Ciudad Bolívar y más tarde se creo el Centro Oftalmológico en Puerto Ordaz por lo que se operó la catarata en su región.
Vuelven sus recuerdos a la abuela que vive con un tío renco de un pie que apenas puede hacer nada y estuvo más de tres años ciega. Ya no está constantemente quemada por sus trajines en la cocina como antes y ha vuelto a vivir, nos afirma con convicción de quien lo ha sufrido que a pesar que todos los gobiernos anteriores no hacían nada más que hablar de democracia, sólo el presidente Chávez se ha ocupado de los pobres como es el caso de la Misión Milagro en Barrio Adentro.
Cuando ya nos íbamos de aquel pequeño restaurant que los trabajadores habían convertido en un lugar alegre y bonito donde se toman fuerzas para continuar en la tarea y sin haber podido conversar con Leyvis sobre su decisión de estudiar medicina después de trabajar como economista en la Universidad se nos acerca una joven que apenas rebasaba la veintena de años, Milagro Acosta, una luchadora social que transpiraba vida, no quisiera ver al paciente que se le resienta, en el 2004, cuando se iniciaba la Misión Milagro ella se llegó al Lino Maradey para hablar con una de las especialista para empezar como Trabajadora Social, primero la enviaron a la Casa Alimentaria para buscar a las personas que estaban en situación extrema y ponerlos en el grupo de ayuda, luego acompañaba a la Misión Barrio Adentro, donde estaba con las doctoras en el consultorio habilitado en la casa donde vivían hasta que se construyeron los módulos Nadie de su familia trabajaba en eso, ella pasó el curso en Cuba para hacer un curso sobre el tema que le dio a conocer una prima lo que considera que fue maravilloso para ella. Cuando nos dice que en la Isla engordó la miramos con escepticismo porque era muy delgada, nos narran que todos querían que quedara con las libritas de más pero le hacían falta los aires tropicales.
Allí en el Consultorio Popular aprendió a hacer las visitas de terreno con las doctoras, casa a casa. Cuando los pacientes regresan van a visitarlos para saber como están y ellos no dejan de expresar su agradecimiento como la señora Brígida que habían tenido que visitarla tres veces para que se operara y después estaba de lo más alegre viendo clarito, clarito.
Cuando visitamos la Sala de Observación, nos topamos conque uno de los ingresos era el papá de Leyvis, allí estaba la mamá de nuestra maravillosa guía, Argelia, quien nos dijo que ya su esposo estaba bien pero que los médicos cubanos no le daban el alta hasta que pudiera correr por los montes, y se echó a reír.
Al notar las buenas relaciones que habíamos establecido con su hija nos muestra una foto dantesca, con una mujer de edad indefinida sentada en una silla de ruedas que parecía que se iba en un suspiro, ya nos preguntábamos quien era cuando nos dijo que esa era hace apenas cuatro años su hija Leyvis, la volvimos a mirar estupefactos porque el asunto no era para una broma. Es entonces que se levanta el velo que nos envolvía desde que llegamos a la institución.
Argelia nos explica que a Leyvis la censaron en Maipure los médicos de la Misión Milagro porque también estaba ciega, ellos la remitieron al Lino Maradey donde estuvo 16 días en terapia intensiva y otros tanto en observación, en esos momentos ya la habían desahuciado los médicos venezolanos porque no se lograba controlar su diabetes y estaba muy mal. La muchacha, que contaba ya treinta años, llegó pesando 18 kilos. Ya va a tener tres años de operada de la vista y tiene un peso normal.
Antes de continuar conversando con Argelia preferimos que Leyvis nos hiciera su historia, nos dice con lágrimas en los ojos que ella es una de esas vidas salvadas por los médicos cubanos y el convenio entre Cuba y Venezuela.
Cuando debutó con la enfermedad era policía, divorciada y con una niña que en estos momentos tiene 15 años. Había regresado al estado Bolívar a estudiar y hacerse profesora de Educación Física, precisamente en el momento en que se graduaba en la Universidad como educadora los médicos le diagnosticaron diabetes, aunque nunca se lo dijeron.
Ya trabajando en el descanso de la Semana Santa se fue de vacaciones con la gente de la Universidad y los niños, estuvo cuatro días en la playa y durante todo el tiempo le parecía que se moría, no sabía que era lo que le estaba pasando, se mantenía apenas con agua, jugo de naranja, tratando de comer cosas y orinando. Rebajó como 10 kilos en esos cuatro días.
Cuando regresó del viaje la mamá lallevó a hacerse los exámenes y ya la glicemia estaba en 700, rango que no disminuyó.
Le daban pastillas que cambiaban y nada que nada, seguía igual. Al mes quedó ciega del primer ojo, el izquierdo, a los 15 días quedó ciega del segundo y de allí en un mes ya tenía 20 kilos menos, la llevaron hasta Caracas, a Los Teques. Le decían a tantas cosas pero iba para atrás porque no se le encontraba solución a su enfermedad.
Se encontraba en un estado de desesperación, hasta se preguntaba sobre la existencia de Dios, no quería que los médicos venezolanos la vieran más, sólo rogaba por la muerte. Después de eso empezaron a quemársele las manos, no se podía bañar, empezó a usar pañales, se quedó postrada en la cama, no podía caminar y le pedía al papá que por favor le llevara algo para morirse. Ese era su único deseo al ver sufrir a su familia, a su pequeña que apenas tenía nueve años.
Le donaron una silla de ruedas, para por lo menos ir a cobrar al banco o alguna que otra gestión, sólo aceptaba que sus padres la llevaran. Lo que más la lastimo fue el asco que provocaba en la gente, se paraban frente a mi casa a decirme que tenía SIDA por lo flaca que estaba, incluso la familia se alejó. Solo quedó con sus padres, su hija y dos hermanos que fueron su sustento. Siempre trataban de entretenerla, buscaban la manera de que se riera, de que estuviera tranquila, hasta el momento que le dijo a su mamá que no la dejara morir en Puerto Ordaz, que la sacara de allá, de ahí su mamá compró una casita en Ciudad Bolívar, en un lugar místico.
Según cuenta la leyenda en Maiguanta apareció una virgen que se llama Rosa Mística, en una hacienda de una señora, Al lado de la casita que compró su mamá, vivía una señora colombiana que le decía que la llevara a la virgen para ver si se hace un milagro, por lo que la llevaron a la gruta. El último día que fueron a la gruta le dijo la señora que la iba a poner en terapia, allá en el cielo, porque Dios la iba a ayudar, la virgen habló de que ella iba a salir de todo.
En ese momento Leyvis no tenía uñas en las manos, ni en los pies, se le podía contar los pelos en la cabeza, como a una persona que le administran quimioterapia, así estaba. Ese día que le dijeron eso al otro día fue que la ingresaron en el Lino Maradey.
Ahí recuerda Argelia que fue una Defensora de la Salud a la casa y preguntó si había algún familiar enfermo, se le explicó que había una diabética ciega. A los 15 días cuando estaba de visita en Puerto Ordaz la llamaron de Misión Milagro para que se presentaran en el Lino Maradey, en esos momentos Leyvis estaba grave en la casa y ella le dijo a su viejo que iban a llevarla para que se la vieran.
Después de casi un mes de ingresó la joven salió caminando de la instución con su diabetes compensada y 35 kilos de peso. Posteriormente volvió a ingresar para operarse las cataratas por la doctora Ana María Chongo, cirujana especialista en cataratas metabólicas.
En estos momentos se aplica una dosis de dos insulinas diarias, una en la mañana y la otra en la noche. Nos dice que gracias a Dios, a Fidel y Chávez, tiene sus vitaminas, el Polivit. Con una sonrisa de lado a lado repite que gracias a Dios y a los hermanos cubanos que han sido su familia, salió caminando, ya puede ver y es feliz, tiene muchas amistades y quiere abrir una Fundación para ayudar a las personas que son diabéticas y darles las informaciones necesarias para que no sufran lo que ella sufrió. Afirma que era una hipoglicemia andante. Es una persona normal, come seis veces al día y como le enseñaron los médicos cubanos, su dieta es balanceada y en pequeñas cantidades.
Le da las gracias al doctor Silvio, el director del Centro de Diagnóstico Integral que ha sido su hermano y es uno de los que más lo apoya en su decisión de estudiar medicina
Un 6 de noviembre fue operada del primer ojo en el Centro Oftalmológico, los amigos contentos la acompañaron, ya había estado ingresada otras veces pero la emoción de poder recuperar la visión la descompensaba, ese día se sentó frente al espejo para aconsejarse de que ella era la única que podía solucionar ese problema y debía tranquilizarse. La mamá la dejó en la puerta del quirófano, la operaron y, al otro día cuando le iban a quitar el vendaje, le dijo la doctora que tenía que ir al Lino para hacerle las curas con la doctora Teresa, la oftalmóloga.
Tal nos parece estar viviendo con ella cada instante, hay tanta pasión en su relato, como conocía por la voz a todos los especialistas del Lino Maradey y ese día que le destaparon los ojos se pusieron todos a su alrededor pero nadie hablaba, pero olvidaron que ella conocía también los olores de cada uno, de repente a la primera que mencionó fue a la doctora Teresa, su muchachita linda, con su cabello blanco como la nieve, miraba al resto hasta que uno hizo un gesto y los fue identificando. La mayor emoción fue cuando vio a sus padres, le dijo al padre entre risas que él si estaba viejo, con una camisa 87, porque tenía el número bordado en la tela, que su mamá era una jovencita. Cada vez que veía a alguien sólo sabía decir que eran muy lindos.
Cuando ya estábamos todos conmovidos hasta las raíces Argelia nos dijo que no puede olvidar cuando llevó a su hija a la institución, estudios van y estudios vienen para poder determinar la causa de que no le bajaran los niveles de azúcar. Encontraron un foco infeccioso en la boca, había que trasladarla a un centro especializado en odontología con los servicios de terapia, allí estuvo durante más de dos meses hasta que después de sacarle la dentadura que estaba dañada le pusieron una nuevecita para que pudiera reír a gusto. Los médicos cubanos no escatimaron sacrificar hasta horas de sueño para devolverle a su hija y eso, nos asevera Argelia, no se paga ni con todo el oro del mundo y le pide a Dios que cuide de su presidente que los bendijo con estos hombres y mujeres sin parangón.
De ahí que Leyvis decidiera cambiar su profesión, hacerse médico para poder dedicar su vida a ayudar al que sufre donde quiera que se encuentre y estamos seguros que será una magnífica doctora.
Leyvis nos había dejado para último a sus compañeros de estudio de Medicina General Integral, mientras atravesábamos los largos pasillos recordamos a la enfermera Raquel Abreu Armenteros quien nos había prometido narrarnos un caso extraordinario de cuando ella trabajaba en la línea pre-operatoria en Ciudad Bolívar, ya sabemos que es esta muchacha de acero. Raquel en aquel entonces era jefa del Salón de Operaciones, posteriormente se traslada la municipio Carona cuando abre sus puertas el Centro Oftalmológico que esta en una unidad conocida como 171, lo que permitió un mayor número de operaciones.
La experiencia le ha dicho a esta profesional que Venezuela no sólo ha sido increíble y muy grata, sino que también comprendió que necesitaban una ayuda urgente de ese tipo desde hacia mucho tiempo porque cuando se habla de Misión Milagro se trata de llevar a la comunidad de forma gratuita los servicios médicos especializados que requerían, sin distinción de clase o raza. Ese trabajo es decisivo, la enfermera es muy importante pues lo primero que brinda al paciente es una sonrisa que trasmite seguridad a los que la rodean y sólo pide de recompensa que las miren como hermanas.
Ya nuestros estómagos estaban reclamando a gritos que nos acordáramos que para vivir hay que comer cuando nos fuimos con Leyvis nuevamente al comedor de casa de muñecas, como lo calificamos nosotros, allí nos esperaban unos deliciosos frijoles negros a lo cubano, caraotas, como se le conoce en Venezuela, arroz blanco, un filete de pescado excelente y papas fritas, todo un manjar de los dioses, rociado con un jugo natural que son famosos en la región.
El dicho popular expresa que barriga llena, corazón contento, de ahí que nos dirigimos a un aula para conversar con los estudiantes de Medicina Integral Comunitaria, nos esperaba una dama y un caballero, Mileidys Cárdenas y Régulo Morales, sin preguntar la muchacha nos dice que con lo que más aprende es en la interacción con el profesor en la consulta, le gusta mucho la práctica, le da satisfacción poder estar junto al médico en la unidad y hacer con él las visitas en el terreno, cosa que nunca antes hicieron los estudiantes de medicina venezolanos. Menciona con especial cariño la Misión Milagro y la José Gregorio Hernández, caminar de sol a sol para buscar los casos que ya conocían y los que no se habían detectado en ocasiones anteriores. Es muy hermosa esa trilogía del paciente con el médico y el estudiante.
Sabe que si quiere terminar la carrera no será nada fácil porque tiene hijos pero hace el esfuerzo y ya ha vencido los tres primeros años lo que le parece todo un sueño, sabe que trabajará tanto en la montaña como el llano, donde la necesiten y nos pone el ejemplo de la Misión Milagro como una nueva visión de la medicina porque la esencia de la salud es prevenir las enfermedades, no sólo curarlas.
Estos jóvenes luchan para salir adelante, para crear conciencia en la población y saben que mientras más médicos hayan más salud habrá. Espera está mamá de dos hermosas criaturas que cuando sus hijos sean mayores puedan decir que tienen lo que su Presidente quería con Barrio Adentro, un milagro en la comunidad. Mileidys es muy pobre pero eso constituye un incentivo para ella.
Regúlo es estudiante de segundo año y participa con su comunidad en todas las actividades, principalmente de salud, esto le ha permitido conocerla y los profesores cubanos les enseñan también a mejorar las condiciones higiénico sanitarias del entorno y como tienen que impartir las charlas para que la población entienda que la salud es un problema de todos. La realidad a veces nos impacta porque no hemos sabido apreciarla en toda su magnitud.
La Misión Milagro fue para él una escuela, no sólo por la cantidad de personas que recuperaron la visión, entre ellos varios niños con una catarata congénita que a veces estaban ciegos completamente. Buscar las personas con problemas de visión, que tienen algún pterigium, alguna catarata, ya aprendió a detectar estas y otras patologías, incluso hasta el grado del pterigium.
Se han ganado tal respeto de la comunidad que ya los tratan como doctores y ellos se sienten como tal con la obligación de estudiar y profundizar mucho más de lo que han hecho hasta el momento. También piensa que
una de las cosas más importante es que interactúan con el paciente y van adquiriendo la práctica profesional a pesar que no están graduados pero se encuentran en el camino. Pone una cara que merece una foto cuando nos dice que se llena de alegría cuando lo llaman médico o doctor, de hecho en su casa, a cualquier hora, tiene la disponibilidad con sus vecinos, ocho, nueve, doce de la noche y responde el llamado ante la necesidad de una pastilla para la fiebre pues en la zona donde vive el traslado a altas horas de la noche es muy costoso y no está al alcance de los pobladores. Él no deja de orientarlos de que no falten al otro día a la consulta.
A medida que pasa el tiempo y con los estudios se les abren más oportunidades con las misiones Milagro y José Gregorio Hernández para llevar adelante la Revolución y buscar a todos los que tienen necesidades. Se siente satisfecho porque hace lo que quería hacer en apoyo a su comunidad y hay más posibilidades para sus vecinos que ya tienen un médico, que tienen medicamentos, totalmente gratis.
Nos despedimos de Leyvis con un abrazo y muchos deseos de éxitos, nos esperaba un largo camino pues íbamos hasta Upata, como conoce todo el mundo al municipio Piar, donde nos esperaba el director de uno de los dos Centros de Diagnóstico Integral en aquel momento, el doctor Alexander Falcón Ruiz. El Área de Salud Integral que el dirige es Coviaguar, con más de 54 mil habitantes.
Fuimos allí porque entre las acciones de salud de más repercusión está la Misión Milagro. Fuimos con un grupo a tocar casa a casa con los especialistas en Medicina General Integral de los consultorio, los defensores de salud y los estudiantes venezolanos de medicina. No cabe dudas de que con la ayuda de todos han logrado identificar los problemas de salud de los estudiantes y es más sencillo ir a la búsqueda de las patologías oftalmológicas quirúrgicas. Personas mayores de 50 años de edad, diabéticos, hipertensos, que también pueden padecer de retinopatía, esa es una causa también de disminución de la agudeza visual y además de eso censan padecimientos que en otro momento pueden ser operados como el estrabismo en los niños.
Fuimos al Consultorio Popular del Manteco que posee hasta una sillón estomatológico, por cierto que está bastante distante. Con un casco histórico de 6 mil habitantes y 17 asentamientos campesinos, de los cuales dos son indígenas. En realidad la población llega alrededor de 18 mil habitantes que se atienden, como en la Victoria o Santa Rosa, que también están un poco lejos.
Formamos parte de unas brigadas pequeñas donde el personal en conjunto llega a una población, ahí invitan a los estudiantes y se dividen las calles, planifican el trabajo para que no se les quede ni la mascota y luego se reúnen en un punto de concentración. Todo el mundo va con su libretita o con su hoja a hacer el trabajo casa a casa, aprovechan esa ocasión para dar charlas educativas y trabajo comunitario como tal.
Salen de los CDI y la SRI, y laboran no sólo en la tarde de lunes a viernes, intensificando el trabajo de terreno, sino también los fines de semana, sábado y domingo, para los cuales se planifican las regiones más apartadas hasta donde en algunas no llega todavía una atención médica regular. Allí todos dicen presente como la operación Tum, Tum, que se hace en Cuba para poder llegar a todos los hogares de Venezuela. Saben que es un asunto de toda la Brigada Médica Cubana.
Alexander recuerda que en una oportunidad se encontraron con un caso que es poco frecuente verlo en Cuba, una señora que tenía pterigium en los dos ojos, pero no sólo eso, sino que en los dos bordes, internos y externos, por lo que decían que ella hacía por cuatro pacientes, esa es una operación que es bastante cara por cierto. Siempre encuentran pacientes que no han mejorado, la mayoría debido a que no siguen las orientaciones médicas luego de la operación, no hacen el reposo necesario, bajan mucho la cabeza, no se cuidan de los cambios de posición y otros no se ponen los colirios, como los antibióticos y antinflamatorios.
Al regresar a Puerto Ordaz donde finalizaría esta visita al estado Bolívar teníamos grabada la imagen de Leyvis que como Ave Fénix resurgió de sus cenizas para ayudar a su pueblo.

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