
LOS PUEBLOS TIENEN LA PALABRA
POR SUSANA DEL CALVO
Miraba fotos de niños cubanos publicadas en Internet y en todas se refleja la esperanza y la alegría de vivir, lejanos están a las preocupaciones de sus mayores ante una inminente guerra nuclear, pienso también en la cantidad de ciegos que hay en el mundo porque no quieren ver o simplemente ven el conflicto como algo lejano, allá en el Medio Oriente, por lo que llegan a la conclusión que no tiene nada que ver con ellos. Incluso Israel, instigador principal, engaña a su pueblo y a si mismo con el razonamiento erróneo de que con las medidas de protección que han tomado saldrán ilesos de una conflagración que en segundos pondrá en peligro la raza humana. Que ilusos.
Todos podemos aportar nuestro granito de arena para poner un muro de contención ante la barbarie de la carrera armamentista que con el desarrollo de la tecnología actual pende sobre cada una de nuestras cabezas como espada de Damocles. La humanidad trata de olvidar a Hiroshima y Nagasaki, debe despertar de un letargo que cada vez se vuelve más peligroso. No olvidemos que el 24 de junio de 1960, Fidel Castro señaló al respecto que trataron de justificar el hecho en nombre de la paz y preguntaba: “que razón había para lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. La humanidad no conoce una masacre mayor.”
Viene a mi memoria el accidente nuclear de Chernobil que conmovió a Europa por el recorrido de la nube radioactiva con graves consecuencias a la agricultura y el manto freático, en aquellos momentos estaba en la Península Ibérica y recuerdo a colegas sudamericanos que estaban preocupados por su vida y la contaminación pero tranquilos por la familia que se encontraba lejos, no se daban cuenta que ante fenómenos de ese tipo no hay distancia. Aquello fue un accidente, un escape localizado en una planta generadora de energía y nadie puede olvidar el revuelo internacional que orquestó la prensa por los daños ocasionados. Se pueden siquiera imaginar un bombardeo nuclear, no daría tiempo.
La lucha por la paz debe inundar nuestras calles y tu no debes encerrarte en casa, este es el llamado que hace el máximo líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, al cual se unen más voces desde todos los rincones del orbe. Queda poco tiempo para evitar una hecatombe mayor, está también en nuestras manos defender el futuro de esos niños que pueden ser los suyos o los nuestros. Los puebles tienen la palabra.
Todos podemos aportar nuestro granito de arena para poner un muro de contención ante la barbarie de la carrera armamentista que con el desarrollo de la tecnología actual pende sobre cada una de nuestras cabezas como espada de Damocles. La humanidad trata de olvidar a Hiroshima y Nagasaki, debe despertar de un letargo que cada vez se vuelve más peligroso. No olvidemos que el 24 de junio de 1960, Fidel Castro señaló al respecto que trataron de justificar el hecho en nombre de la paz y preguntaba: “que razón había para lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. La humanidad no conoce una masacre mayor.”
Viene a mi memoria el accidente nuclear de Chernobil que conmovió a Europa por el recorrido de la nube radioactiva con graves consecuencias a la agricultura y el manto freático, en aquellos momentos estaba en la Península Ibérica y recuerdo a colegas sudamericanos que estaban preocupados por su vida y la contaminación pero tranquilos por la familia que se encontraba lejos, no se daban cuenta que ante fenómenos de ese tipo no hay distancia. Aquello fue un accidente, un escape localizado en una planta generadora de energía y nadie puede olvidar el revuelo internacional que orquestó la prensa por los daños ocasionados. Se pueden siquiera imaginar un bombardeo nuclear, no daría tiempo.
La lucha por la paz debe inundar nuestras calles y tu no debes encerrarte en casa, este es el llamado que hace el máximo líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, al cual se unen más voces desde todos los rincones del orbe. Queda poco tiempo para evitar una hecatombe mayor, está también en nuestras manos defender el futuro de esos niños que pueden ser los suyos o los nuestros. Los puebles tienen la palabra.

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