Por Susana del Calvo
Mis experiencias
profesionales en el campo de la Salud
Pública Cubana datan de casi cuatro décadas y siempre he
tenido mucho cuidado que lo que doy a conocer al mundo sobre ese tema, sea lo
que cualquiera que visite la Isla
puede encontrar, para ello me siento a escuchar a las personas que acuden a los
servicias en sus diferentes niveles, como uno más. Ellos son los que tienen la
verdad en la mano.
Múltiples son las anécdotas
que puedo narrar, lo que hay algunas que me causaron una impresión tan profunda
que las guardo con profundo celo porque me demuestran en todo su quehacer lo
que hace por su pueblo la
Revolución, no hablo de glorias pasadas, dime lo que haces y
esto lo podemos ver a cada paso.
Para poner un simple ejemplo,
en una oportunidad hice un reportaje sobre restauración neurológica, en el
hospital me encuentro a una madre que acompañaba a su hijo, de apenas 16 años,
desde hacía varios meses, sentada en aquella silla día y noche. Me empezó a
narrar como el muchacho se tiró de cabeza en aguas poco profundas y había
quedado cuadripléjico, o sea, sólo se entendían a través de los ojos, su mirada
se empezó nublar y la mía también.
Mientras escuchaba se me
hacía un nudo en la garganta. Ella es una simple ama de casa y su esposo un
chofer, nunca hubieran podido pagar un tratamiento de ese tipo, ya su hijo
camina sin necesidad de bastón, vienen los profesores al hospital para que no
se atrase en los estudios. Los médicos,
enfermeras y personal en general de la institución realizan esfuerzos
inimaginables y siempre con una sonrisa. Sabe que pronto regresará a la casa
con el hijo que ha vuelto a nacer.
El tema de los medicamentos
es muy sensible, mucho más aun cuando se está jugando con la calidad de vida de
las personas, por muchos esfuerzos que realice el país es difícil dar respuesta
a todas las necesidades, más cuando existe un bloqueo de los vecinos del norte
que priva a Cuba de su comercio natural y encarece los productos a niveles
millonarios.
Si existen mercaderes
inescrupulosos que adquieren los medicamentos en las farmacias en grandes
cantidades y después los venden a la población hasta en cinco veces su precio,
estos son mayormente analgésicos y ansiolíticos. Son males contra los que hay
que luchar y desterrar.
Tengo una prima que le dio la
polio a mediados de los años 50, su tratamiento para que pudiera caminar fue de
largos años pues tenía afectados los dos miembros inferiores, en total le
hicieron más de 20 operaciones, sin dejar de contar que para su rehabilitación
no se escatimaron recursos. Pudo hacer una vida normal y desempeñarse como profesora.
Madre de dos hijos, con nietos que pronto la harán bisabuela, sabe de los
problemas pero no ve las manchas del sol, sino su luz.
De lo que no puede tener
dudas el pueblo cubano es que los ingresos que recibe el país de la
colaboración médica y los tratamientos a extranjeros en la Isla van para continuar
garantizando que la atención sea para todos de forma gratuita. No olviden que
todo eso cuesta y lo paga el Estado.
Si las autoridades sanitarias
deciden comprar un medicamento que necesitan niños y ancianos porque no tienen
para todos lo hacen después de un profundo análisis. Puede llegarse a las
instituciones oncológicas y comprobar a quienes se les garantizan medicamentos
que contrarrestan los efectos secundarios de una quimioterapia.

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