Por Susana del Calvo
En las hermosas
tierras de Barinas un paciente se dirigió a nosotros, no quería dejar de
reconocer como su gobierno se había preocupado por él, un montuno sin un
centavo en el bolsillo.
Nos dice que se le presentó un problema de salud, cáncer de
colon, que requería de una intervención quirúrgica urgente, con la ayuda de
Barrio Adentro y el gobernador, fue trasladado a Cuba en menos de nueve días
con un acompañante donde estuvieron más de diez meses en un hospital de primera
que no les costó nada.
De esto hace ya ocho
años y para su seguimiento ya ha ido a la isla en otras dos ocasiones pero por
menos tiempo. Es un hombre que no llega a los 50 años y nos dijo: “He mejorado
un cien por ciento. Gracias a Dios, gracias a los dos gobiernos al de Cuba y al
de Venezuela, a los dos presidentes a los que bendice.
Tiene en sí el alma
del llanero, cuando empieza a despuntar el alba, a las cuatro o cinco de la
mañana, sale en su caballo a recoger el ganado para ordeñar antes de las seis y
llevar las vacas de nuevo al pasto. A las cuatro de la tarde las acopian para volverlas a ordeñar y que duerman en sus
pesebres.
Le gusta mucho una
coleada, agarrar al toro por la cola y
tumbarlo, sabe que ya no lo puede hacer pues tiene que cuidarse, pero escucha
el arpa cantándole a los llanos lo cual
lo reconforta. Siempre le acompaña su sombrero y su caballo, recuerda a Chávez
como un presidente llanero con mano dura, sin miedo y sin complejo, que le dijo
al imperialismo que no va a meter las narices en Venezuela y que ellos
continuaran su obra junto a Maduro.

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